Sexo, sexo, sexo

SI. Queridos amigos. Del polvo venimos, al polvo vamos.

Y sabemos de micropenes, vaginismo, lluvias doradas, coprofagia y un sinfín de ruborizantes (si se hicieran conocidas para nuestros/as allegados/as) aficiones sexuales.

¿Qué vamos a decir los del género masculino? ¿Que las mujeres la prefieren juguetona aunque mida sólo 30 centímetros? Ya…

Ellas siempre quieren más. El último estudio del Profesor Papalardi afirma que un 81% de las mujeres prefieren un miembro masculino con un mínimo de 8 centímetros de radio y una longitud no inferior a 130 centímetros.

¿Qué es un engorro porque (al principio en los prolegómenos) hace falta una mesa camilla para que el miembro ideal no arrastre las pelusas del suelo?
Pues barra usted la casa, por Dios.
Ellas lo tiene claro. Nosotros lo tenemos clarísimo. Bueno más que claro, chungo.

¡Ay, amigo! El seductor mercado, la ley de la oferta y la demanda ha estado escuchando sus tristes y acongojantes lloriqueos varios y terribles lamentos. Los que usted, terrible y gris mortal, profiere en un doloroso silencio desde la alcoba.
Si. Esa alcoba en la que a su amante deja satisfecha. Pero ella y usted ya saben que la verdad siempre aflora.
Y un día llamas a tu amante y te dice que ha quedado con Albertito (un tío mazas, machacado en el gym) para tomar una Coca-Cola y conversar sobre un temita.
La semana que viene será sobre las pulgas del gato del dueño del gym (a la sazón, íntimo amigo de Albertito). La que viene será sobre unas tablas de ejercicio para desarrollar cierta parte de la anatomía. Tu amante ya no especifica si el asunto tableril tiene que ver con su anatomía o la de Albertito.

Y usted, amigo empezará a odiar la Coca-Cola… Tanto como se olvide de usted Rosa. Esa mujer de cuerpo bello y que siempre tiene un pizpireto ánimo cuando de follar o hacer el amor (según sea menester) se trate.

Una noche desesperado por la tristeza, una especie de sentimiento parecido a los celos y una tristeza vital, alimentada por un miembro viril que no llega ni a los 31 centímetros en estado fláccido decide pasar a la acción.
Usted es un hombre de acción. No se amilana ante nada. La valentía es su bandera. El marchamo de su alma no es la entrepierna, sino su bravo corazón.

Sigue y persigue a la causa de sus cambios personales (vitales, sexuales, sentimentales…).
Averigua el domicilio de Albertito en menos que canta un gallo, se hace pasar por un repartidor de Telepicha y acaba encontrando en el buzón del mencionado Alberto de diminutivo cariñoso.

Si amigos y amigas. La verdad de todo.
Como Gollum, como Smigol en el señor de los anillos (y no queremos hacer fáciles chascarrillos), usted ha encontrado por fin El Tesoro.

¿Qué había en el buzón de Albertito? El sagaz, hábil, de torneado y apolíneo cuerpo del, ahora amante de Rosa, no contaba con la simple naturaleza como aliada.
El confía en soluciones pragmáticas. Esas que (liberado de toda clase de irrelevantes y estúpidos prejuicios) aportan la resolución a una triste condición.
Perooooo… ¿de qué se trata? ¿qué es lo que hace que tan capital asunto encuentro una rápida, práctica y perfecta solución?

Una imagen vale más que mil palabras:

Estirapenes

Si ya ha llamado raudo al teléfono pertinente, permita que ya que la vida le sonríe, su amante, su amiga, su hermana o su suegra, la vecina del quinto, la portera o la choferesa del carnicero de la esquina participen en un cuestionario digno de sus clase. Sin compromiso. Se trata de una iniciativa de índole científica. La Fundación Papalardi necesita fondos. El nieto del patriarca no hace más que gastar de manera incontrolada la fortuna que su padre engrandeció y estableció. Los accionistas están que trinan.
Rápido ¡haga algo!

Es, después de todo, como queda demostrado un hombre de acción…

Nota final:

¿Jes-Extender es del mismo fabricante que el Estirapenes?

http://www.jesextender.es

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Acerca de Sr. Bizarro

A strange human being.
Esta entrada fue publicada en Buen rollito, Con Franco vivíamos mejor, Delincuensia total, La caja tonta. Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a Sexo, sexo, sexo

  1. Ruth dijo:

    Jajjjajjjaa. Yo tengo la teoría de que, sea como sea, el miembro siempre va a resultar más satisfactorio a la mujer del prójimo que a la propia, cosas del delirio de la insatisfacción humana. Por lo que pueda pasar he votado que nunca he visto un pene porque si lo que he visto hasta ahora es todo lo que hay que ver, apaga y vámonos 😆 .

    • Sr. Bizarro dijo:

      A mi eso de ponerse un apósito pseudomecánico en el pene me parece, al margen de cutre y un timo de mierda (porque hay que ser subnormal para comprarse uno), un peligro para la integridad de lo que se pretende desarrollar.

      Por cierto, hay que imaginar la cara que puede poner cualquiera al que le digas que usas semejante trasto. Menuda foto que se sacan de tu cerebro…

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