Acabo de ver durante 5 minutos un espacio televisivo que debe ser un chollo para los guionistas.
Con tres frases se puede estirar un programa hasta el infinito, a base de repetir el mismo diálogo una y otra vez. No me digáis que no sale rentable. Expongamos su revolucionaria y resolutiva mecánica.
Lo primero que llama la atención son unos enormes rótulos sobreimpresionados que prometen cambiar tu suerte.
Hay otros rótulos muchos mas chiquitos que se muestran en la parte inferior de la pantalla detallando unos costes de llamadas, pero eso es un detalle sin importancia.
Se inquiere al espectador para que llame. No sabemos nada acerca de la duración real de las llamadas.
El caso es que llama alguien. Le atiende una señora de extraños labios y pregunta el nombre del espectador.
Este responde diciendo Cuqui, Piscis o Amor.
Entonces la señora dice que está llamando mucha gente y da mucho ánimo mientras sonríe y le pasa la llamada a una tal Conchita Hurtado.
El nombre de la que da la bienvenida al espectador debe carecer de importancia porque no lo rotulan. Y su función, visto lo visto, tampoco es que sea vital para el transcurso del programa. Ahora que están de moda los recortes podrían prescindir de sus servicios. Pregunta el nombre y pasa la llamada a su compañera. Esa es la función de esta señora, y encima al espectador vuelven a preguntarle el nombre de nuevo. Pero también hay que reconocer que a pesar de unos inquietantes labios, tiene una faz mas agradable que la señora Concha.
Bien. Una vez que el espectador habla directamente con Hurtado, responde a tres preguntas. Dicha señora está sentada detrás de una mesa con excesivo atrezzo de velas, velones y cirios encendidos. Un día se va a quemar algo y se va armar la gorda.
La tripregunta es nombre de nuevo, fecha de nacimiento y si quiere dinero.
La señora Hurtado apunta el nombre con un boli en un pedazo de papel amarillo, que parecen Post-it pequeñitos y caducados con falta de adhesivo.
A continuación coge una especie de papelito enrollado en forma de canuto con un extremo llameante y prende fuego al Post-it que supuestamente lleva el nombre y fecha de nacimiento del espectador expectante.
Y digo supuestamente, porque no se muestra ningún primer plano que nos garantice que efectivamente Conchita Hurtado ha escrito lo que se supone. A lo mejor ha garabateado un 6 y un 4 (la cara de tu retrato).
Tras depositar el papelito amarillo medio quemado y humeante en una especie de cenicero metálico en forma de pez, la señora Hurtado recomienda jugar en el plazo más breve posible «a la lotería o los ciegos».
Tengo 2 preguntas:
a) ¿Por qué no se rotula una dirección de correo electrónico y mandan allí los espectadores su nombre y fecha de nacimiento? De esta manera se atendería a mas gente y de manera mas diligente. Por otra parte, se demostrará que se tienen en cuenta las tecnologías mas actuales y Conchita podrá quemar más papelitos y mejor.
b) Yo puedo ir por mi cuenta a una administración de Lotería Nacional o a un puesto de la O.N.C.E. No es necesario que llame a nadie para que me diga que lo haga si quiero jugar con la remota posibilidad de que me toque la diosa Fortuna.

Qué demencial es todo. Cuando peor están las cosas, crisis mediante, más proliferan estos “pseudo-todo”. Y lo peor es que siempre habrá gente lo suficientemente desesperada y sola como para dejarse los últimos cuartos en una llamada de tarificación adicional. Lamentable.
Yo de verdad que estoy aturdido. Ciertamente la desesperación y la ignorancia es lo único que puede alimentar estos programas.
Si ves al Maestro Joao, las Caracolas Africanas o a esa especie de Mario Vaquerizo durante 5 minutos o te meas de la risa o echas a llorar y cambias de canal o mejor, apagas la tele.
http://blogs.lainformacion.com/telediaria/2011/09/21/ponga-un-vidente-en-su-television
Con lo que yo he sido, hace un mes que no tengo tele. Y tan contenta :S .